Mortimer lo tiene más que asumido, al fin y al cabo quién es él para reivindicar nada.
Llegó a la familia una Navidad.
Frank, el cabeza de familia, siempre estuvo convencido de que «eres lo que tienes» y testaba con frecuencia, tras los visillos de la ventana del comedor, el estatus material de los vecinos.
Mortimer llegó flamante, con las últimas novedades del Detroit automovilístico, superando con holgura los buick aparcados a todo lo largo de la calle.
Pero el tiempo es el tiempo y el estatus no perdona. Morti fue abandonado junto a Bobby, el viejo Beagle familiar, tan solo porque aquel año los Mustang avasallaban y los labradores eran lo último de lo último.
Mortimer lo tiene asumido, sobre todo porque sabe que Frank vendrá a hacerle compañía, cuando irremediablemente sea él quien pase de moda.
Liberato © 2016
Foto: Ansel Adams: Church and Abandoned Automobile, Tiburon, California, 1957




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